Prueba Tesla Model S 100D, hasta el infinito y más allá

Mucho se ha hablado de Tesla durante los últimos años y es que la compañía estadounidense ha dado un zarpazo en la historia del automóvil, creando desde cero coches eléctricos de alto rendimiento y altamente tecnológicos. Para comprobar estas particularidades, en Electrocoches nos hemos puesto a los mandos del Tesla Model S, el segundo modelo del fabricante tras el Roadster y, quizá, el mejor ejemplo de lo que es Tesla.

El Model S no es para nada un modelo reciente, apareció en el mercado estadounidense en 2012, pero no fue hasta 2016 que el fabricante optó por un sutil restyling que mejoró la imagen del modelo. No obstante, las actualizaciones tecnológicas son una constante en la marca. Un año más tarde, en 2017, Tesla aterrizó oficialmente en España con el primer Service Center situado en Hospitalet del Llobregat, Barcelona.

Nuestra unidad de prueba, el Tesla Model S 100D, equipaba la batería de mayor capacidad, con la que, como veremos, se puede llegar hasta los 500 km reales de autonomía, cifra que, todavía hoy, sigue siendo la envidia del resto de modelos eléctricos del mercado.

Diseño reconocible fuera y dentro

Si una cosa se puede definir del diseño de todos los modelos Tesla es que son reconocibles a kilómetros de distancia, y eso que las líneas ofrecen un moldeado sencillo, sin estridencias que pongan en riesgo los gustos de los potenciales clientes. De hecho, si no fuera un Tesla, pasaría seguramente desapercibido, pero todo el aura que rodea a la marca estadounidense probablemente haga que su silueta levante pasiones por donde pasa.

No obstante, hay que recalcar que el diseño es muy sofisticado, con una línea elegante que, a su vez, también se muestra deportiva con una caída del techo estilizada y con casi dos metros de ancho, lo que se traduce en una presencia imponente. Además, la pintura metalizada en azul de nuestra unidad le sienta muy bien, otorgándole un plus más de elegancia que queda rematado por las llantas de 19 pulgadas.

La vida a bordo es un espejo del diseño exterior. El minimalismo y la sencillez se apoderan del modelo y lo que más destaca es sin duda la enorme pantalla de 17 pulgadas desde donde se controlan todos los aspectos relacionados con el coche y de la cual hablaremos más adelante. Los asientos, de piel y de corte deportivo, son también de lo más cómodos y ajustables, mientras que el espacio es generoso tanto en las plazas delanteras como en las traseras, las cuales dan cabida con comodidad a tres pasajeros. Asimismo, el Model S cuenta también con una amplia capacidad en sus dos maleteros, siendo de 745 litros el trasero y 150 el delantero. De hecho, en el doble fondo del trasero se ubican los cables de recarga.

Pero no todo son alabanzas en Tesla ya que si de una cosa se le ha criticado es en la calidad de sus acabados respecto a sus rivales europeos como Audi, BMW o Mercedes. Hay que dejar una cosa clara, Tesla no vende lujo, vende tecnología y prestaciones y todo esto también tiene un precio. Cierto es que el tacto de la mayoría de materiales no está a la altura del precio del modelo, pero el equipamiento tecnológico compensa es “falta” de calidad, y lo pongo entre comillas ya que, a mi parecer, no es tan mala como muchas la pintan. Mejorable, sí, pero no es ningún desastre. Lo que sí me gustaría criticar es la falta de cuidado en las juntas de algunas partes de la carrocería, algo que personalmente sí debería de corregirse inmediatamente.

Animal tecnológico

Como decía, si por una cosa destaca Tesla es por el enorme equipamiento tecnológico que queda representado por el ya famoso Autopilot y por la pantalla antes mencionada. De hecho, el Tesla Model S no cuenta con ningún botón a bordo, a excepción de los warning, la guantera y el volante multifunción. Todo el resto se controla mediante la pantalla, como por ejemplo el climatizador con el filtro de aire HEPA incluido que nos protegerá de un hipotético ataque biológico. En la pantalla también podemos controlar el navegador, la música que ponemos – con Spotify Premium incluido – o lo que queramos ver en internet. También podemos abrir o cerrar el techo solar o modificar la altura de la suspensión neumática. Sí, al principio es mucha información y parece imposible de aprender, pero con el tiempo es todo muy intuitivo y sencillo, pudiendo incluso trabajar con la pantalla dividida. De hecho, es tan fácil y adictivo que no querrás volver a un vehículo lleno de botones.

Además, de la “tablet”, Tesla también ofrece una información completamente digital detrás del volante, donde se proyecta la imagen del tu unidad y del resto de vehículos que se encuentran a tu alrededor gracias al radar frontal, 8 cámaras y 12 sensores que le ayudan a erigirse como una bestia tecnológica. Y es aquí donde aparece el otro gran protagonista, el Autopiltot.

Primero de todo me gustaría dejar claro, igual que Tesla, que el Autopilot, a pesar de estar creado con esa finalidad, no es todavía un sistema de conducción autónoma, por lo que siempre hay que estar pendiente de la carretera. Con el tiempo, las legislaciones y las actualizaciones pertinentes llegará a ser un sistema donde el conductor pueda desentenderse, pero por ahora no es más que un sistema de ayuda a la conducción, eso sí, el más sofisticado del mercado.

Por ahora y por tema de legislación el sistema Autopilot de nivel 2 de Tesla está limitado, por lo que “solo” podemos utilizar el control de crucero activo con el que nos mantendremos dentro del carril, algo que pudimos comprobar y que realmente funciona a las mil maravillas en vías rápidas como autopistas o autovías, o incluso en las rondas de Barcelona. En esta acción, el coche controla la trayectoria, la velocidad de la vía mediante el sistema de reconocimiento de señales y la velocidad respecto al vehículo que nos precede, pudiendo, en este último caso, adaptar la distancia según nuestra seguridad. Además, si accionamos el intermitente para anunciar el cambio de carril, el Model S detecta que no viene ningún vehículo y efectúa la maniobra con éxito. Pero, como decíamos, todo esto hay que hacerlo estando pendiente de la carretera y del volante ya que si el coche detecta que llevamos unos segundos sin atender el volante, el cuadro nos alertará.

Hasta 500 km de autonomía

A pesar de que el caducado ciclo NEDC sitúa el modelo con más de 600 km de autonomía, lo cierto es que el Tesla Model S puede recorrer entre 400 y 500 km con una sola carga con un consumo medio que se sitúa entre los 20 y 25 kWh / 100 km, siempre dependiendo de las condiciones de circulación. Si hacemos un uso combinado entre ciudad, carretera y autovía o autopista como mucho llegaremos a los 450 km, pero si realizamos una conducción más eficiente y con una velocidad constante de unos 80 km/h, podríamos llegar, incluso superar, los 500 km, cifra que sitúa el modelo como el que más autonomía ofrece del mercado. Además, la frenada regenerativa, la cual se puede regular en intensidad y es de lo más eficiente evitando que toquemos mucho el freno, nos ayuda a alargar la autonomía. Aun así, hay que acostumbrarse a ella, sobretodo cuando la llevamos activada en su modo de máxima eficiencia.

Para la recarga, en nuestra prueba nos nutrimos de los conocidos Supercharger, concretamente el ubicado en Sant Cugat del Vallés (Barcelona). La recarga con nuestra unidad era gratuita y en apenas 20 minutos recargábamos 250 km, aunque la recarga se ralentiza a medida que nos acercamos al 100%. No obstante, si no disponéis de un Supercharger cerca, siempre podéis optar por los Destination Charger, la red de recarga pública o bien vuestra casa si disponéis de un enchufe convencional o de un punto instalado. Cabe recordar que la boca de carga del Tesla Model S se encuentra ubicada en el piloto trasero, quedando así disimulada.

Altas prestaciones para un gran navegante

Además de la tecnología y la autonomía, Tesla también destaca por ofrecer unas prestaciones únicas, equivalentes a los grandes deportivos del momento. El Model S 100 D cuenta con tracción a las cuatro ruedas gracias a dos motores eléctricos que unidos generan nada menos que 193 kW (420 CV) de potencia y 600 Nm par de motor disponibles desde la primera milésima de segundo. Con ello, y a pesar de sus más de 2.000 kg de peso, consigue catapultarse de 0 a 100 km/h en solo 4,3 segundos y alcanzar los 250 km/h.

A falta de conocer el P100D, puedo afirmar que nunca había experimentado una sensación de aceleración tan bestial, de hecho parece que en algún momento vaya a despegar como un avión. A pesar de estas enormes prestaciones, el Tesla Model S es un gran navegante, un modelo perfecto para devorar kilómetros por las vías rápidas sin escuchar ningún tipo de ruido, solo el de la rodadura de los neumáticos. De hecho, la insonorización es aceptable, a pesar de que ha recibido algunas críticas en este aspecto.

En ciudad se desenvuelve bien, aunque su gran tamaño puede jugar en nuestra contra en los carriles más estrechos o en la búsqueda de aparcamiento. No obstante, una vez más es un placer desplazarse con tanto silencio por la gran urbe.

En carretera presume de una gran estabilidad y seguridad gracias a las tracción a las cuatro ruedas, por lo que el paso por curva puede efectuarse bastante rápido. No obstante hay que dejar claro que no pretende ser ningún deportivo, por lo que tampoco podemos esperar una dinámica de referencia en este apartado. Además, hay que tener presente su peso, por lo que las inercias son inevitables, aunque bien es cierto que me lo esperaba más torpe. Por su parte, la dirección es poco comunicativa, aunque en el modo Sport gana algo más de protagonismo. Además, la suspensión neumática nos ayuda a rebajar o aumentar el centro de gravedad para adaptarse mejor a la necesidad del momento.

Conclusión

El Tesla Model S 100D es un cochazo con todas sus letras. Es un alarde de tecnología y ofrece la mayor autonomía del mercado, así como unas prestaciones que quitan el hipo. No obstante, tiene algunos detalles de calidad a mejorar. El precio de este modelo es de 109.000 euros con la batería de 100 kWh, aunque nuestra unidad ascendía hasta los 120.000 euros con diferentes extras.

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