Entrevista a Antonio Garzón Joli: desmitificando tópicos del BMW i3

Hoy nos complace presentar a Antonio Garzón Joli uno de los primeros propietarios de Bmw i3 que nos cuenta su experiencia al volante del primer coche eléctrico 100% de la marca Alemana.

Me llamo Toni, y “nací eléctrico” el lunes 27 de enero de 2014.

La primera vez de que me di cuenta de que existían alternativas a los carburantes fósiles fue a principios del 2011 cuando, brujuleando por internet, me encontré con una publicidad del Opel Ampera eléctrico. Cuanto más me informaba y más leía sobre el asunto, más convencido estaba de que mi siguiente coche sería eléctrico.

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En aquel entonces, el motivo por el que no compré el Ampera fue tontamente financiero: con un precio en Bélgica de casi 50.000€ y ninguna ayuda del Estado, el coche estaba claramente fuera de alcance.

Por supuesto, había otros coches eléctricos que perfectamente encajaban con mi presupuesto. Pero a todas luces, aún no estaba yo listo para dar el gran salto a la electro-movilidad.

La ansiedad por la autonomía todavía era una freno como también mi libreta de ahorro, a la que no le hacía ninguna gracia la idea de comprar un coche nuevo.

Tres años después, las cosas habían cambiado bastante. Tanto en la oferta de vehículos como en mis finanzas. A base de ahorrar, disponía de suficiente margen para permitirme abonar una señal decente en un coche “premium”.

Además, tras haberme leído un montón de artículos y blogs sobre la cuestión, tenía más o menos claro que no necesitaba ningún prolongador de autonomía. Pues más del 95% de mis desplazamientos cotidianos podía perfectamente quedar cubierto con un eléctrico puro.

La pregunta era : ¿y ahora qué coche me compro? ¿El Ampera/Volt? No, porque aunque el Ampera sea un coche fabuloso, sigue teniendo tubo de escape, y no quería un modelo potencialmente al final de su ciclo.

¿El Tesla? ¡Venga ya! Demasiado grande y demasiado caro. ¿Como voy yo a hipotecar la casa para comprarme coche nuevo? ¿El Leaf? No me gustaba.

¿Y por qué no ese BMW i3?

La verdad es que mi primera impresión fue más bien negativa. No porque me pareciera feo : al contrario, el diseño me hizo gracia desde el primer momento, cuando se empezaron a ver esbozos del concepto en el 2011.

No, el problema para mí era el hecho de que fuera un… BMW. No me gusta BMW, aborrezco BMW por ser una marca que parece fabricar coches hechos a medida para gili***as arrogantes y agresivos (dicho sea con todos los respetos, por supuesto).

Y un día lo probé. Y fue un flechazo.

¿Estaba yo dispuesto a cambiar de opinión y convertirme en conductor de BMW? ¡Pues claro que sí! Los prejuicios son una estupidez, el cohe mola que no veas, la tecnología es una pasada y yo también puedo ser un gili***as si quiero, ¡che! 🙂

Por consiguiente, y para expiar mis pasadas prevenciones, he decidido dedicar este post a acabar con algunos tópicos sin fundamento que se han ido multiplicando sobre el BMW i3 en muchos informes de ensayo y artículos.

Y lo hago como recién propietario de una versión “Orca” (el blanco y negro, vaya).

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Es un coche hecho para la ciudad.

Falso. Si bien el i3 se mueve estupendamente bien por un entorno urbano, sería un craso error pensar que no pinta nada en autopista . Es rápido y reactivo. Y a 130 km/h, la dirección es precisa e indulgente. Adelantar a los demás coches convencionales es una gustazo. Quieras que no, al fin y al cabo es un BMW.

El BMW i3 es muy ruidoso a altas velocidades.

Falso también. Mi primer recorrido largo al volante fue el día en que me lo entregaron. Una viaje de unos cincuenta kilómetros entre el concesionario, situado en Waterloo, cerca de Bruselas, y mi casa en la zona de Mons. Como la batería estaba casi llena, se me ocurrió que tampoco pasaba nada si despilfarraba unos cuantos kWh subiéndome a la autopista E19 para apretarle un poquito.

Aparte de la agradable sorpresa de descubrir la dinámica de conducción que acabo de explicar en el apartado anterior, también tenía la curiosidad de comprobar si eran ciertas esas críticas que había leído sobre el ruido en el interior causado por el contacto del aire en la carrocería a alta velocidad. Pues puedo afirmar que lo del ruido es como lo de los gustos : no hay nada escrito. A mí, el ruido no me molestó. Más bien diría que lo disfruté y hasta me gustó.

El maletero es demasiado pequeño y el diseño de las puertas traseras es un disparate.

Vale. Pero ¿comparado con qué?

Soy un hombre de coches pequeños. Antes del BMWi, tuve un Mini Cooper. Antes un Mercedes Classe-A (modelo 2004) y antes un Rover 220sdi justo antes de que desapareciera la marca. En fin, que de coches pequeños sé algo. Y lo que sé es que el i3, de coche pequeño no tiene nada. El maletero puede recibir cómodamente la compra semanal de una familia de cuatro personas. Hay sitio de sobra para mi longbow con flechas y todo. O para la guitarra de mi hijo mayor, con amplificador y todo.

En cuanto a las puertas suicidas, también depende de con qué otras puertas se quieran comparar. Las largas puertas de tipo cupé de mi Mini son un engorro mucho mayor para quien le toque sentarse detrás. En nuestro caso, a quien le toca siempre sentarse detrás, es a mi hijo menor. Para él, el diseño de las puertas traseras del i3 son un progreso enorme en concepto de facilidad de acceso y confort. O para decirlo con sus propias palabras : “Coooooool”.

Los materiales utilizados para los acabados interiores no son muy “premium”.

Esta crítica por poco me quita el sueño.

Como ya expliqué, el tema del precio era muy importante para mí, como lo es, supongo, para mucha gente. Puesto que ya me había hecho a la idea de gastarme más de 40.000€ en un coche, la mera perspectiva de que al final tuviera que conformarme con un interior cutre me provocaba insomnios.

Por supuesto, pude sentarme en el coche y tocar, sentir, olfatear su interior antes de firmar los documentos de compra. Pero pienso que evaluar la calidad de un salpicadero o de un asiento de cuero es como probar un colchón nuevo en la tienda de colchones.

Ya te las puedes ingeniar como quieras, la única forma de estar seguro es apagando la luz de la mesita de noche y consultarlo con la almohada. Literalmente.

Aunque (aún) no he dormido en el coche, puedo confirmar que no había motivo por preocuparme tanto. El acabado es de cuidadísma calidad y el interior del i3 (Lodge en mi caso) está a la altura del precio pagado. Casi me avergüenza haberlo dudado.

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El i3 es un ZOE a precio desorbitado (esa crítica la he leído mucho en la prensa francesa).

Que quede claro; no me cae mal el Renault ZOE. Hasta me parece que es un coche super chulo. Pero ¿cómo se puede comparar una cosa con la otra? ¿Cómo se puede comparar un coche del ayer con un coche del futuro? ¿Un coche fabricado a base de acero con otro hecho de aluminio y plástico reforzado con fibra de carbono?

Ya me gustaría ser ingeniero y poder explicar las ventajas del PRFC en la producción automóvil. Pero sólo soy lingüista y vais a tener que conformaros con mi pobre descripción de lo que es conducir el primer coche de masa fabricado con ese material : úno siente que se está al mando.

La rigidez del conjunto hace que tengas la sensación de que el coche puede aguantar cualquier cosa. Una sensación de ligereza y de seguridad a la vez. El que no se lo crea que solicite su propia prueba de conducción.

A pesar de toda la tecnología, la autonomía no es nada del otro jueves.

Mi opinión sobre el tema quizá pueda sonar poco ortodoxa.

Pero creo que una autonomía mayor habría sido incompatible con el propio concepto de super coche super sostenible. De hecho, si sé que sólo voy a recorrer una media de 40 km diarios, ¿de qué me sirve almacenar en mi vehículo 4, 6 o incluso 8 veces la cantidad de energía y recursos naturales que de verdad necesito?

Para ser del todo sincero, debo reconocer que en ocasiones todavía siento alguna “range anxiety” difusa y visceral.

Pero entonces es cuando interviene la tecnología que trae el i3.

La cantidad de informaciones que recibe el conductor a través de las dos pantallas es impresionante. El indicador dinámico de autonomía, la navegación Eco, los gráficos de todo tipo han sido concebidos para tranquilizar. Y funciona.

Además, la resolución de la pantalla grande de 10,2” es una gozada.

Ya sé que en Estados Unidos, muchos futuros compradores se quejan de que BMW no haya incluido en i3 el indicador de carga (SOC, state of charge) que tenían el ActiveE y el Mini E.

Pero como personalmente nunca he conducido ningún coche con indicador de ese tipo, no lo echo de menos.

El BMW i3 es un juguete tecnológico carísimo hecho para frikis ecologistas.

Sí.

Lo es.

Pero también es mucho más.

Es un coche.

Con todas las características, funcionalidades, diseño, comportamiento, estilo, tecnología y sensaciones de un gran coche.

Y para más inri, es eléctrico.

¿Está mi BMW i3 cumpliendo con todas sus promesas?

Pues no, no todas. De momento por lo menos.

En Bélgica, los famosos servicios 360° Electric se han quedado rezagados. La Add On Mobility (posibilidad de alquilar un coche convencional para largas distancias) está en pañales.

El ConnectedDrive para los modelos “i”, por su parte, está teniendo un arranque dificultoso. Pero parece que le equipo BMWi belga está trabajando duro para que las cosas vuelvan rápidamente a la normalidad.

En cuanto al coche propiamente dicho, de momento no le he encontrado el más mínimo defecto.

Mi i3 es el segundo BMWi matriculado en Bélgica.

Y me siento muy orgulloso de ser uno de los primeros propietarios.

Muchas gracias Antonio por tu colaboración y aportación que de seguro será muy interesante y útil para usuarios o futuros usuarios de vehículos eléctricos.

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