¿Deberían emitir ruido los vehículos eléctricos?

Cada cierto tiempo se reabre el debate de si los vehículos eléctricos deberían emitir algún tipo de ruido, para reducir el riesgo de atropello. Hay quien asegura que el sigilo con el que se mueven es un problema, que pone en peligro la seguridad vial. Otros, sin embargo, no concebimos que el ruido pueda ser una ventaja.

Cabe matizar: cuando circula en vías rápidas un vehículo eléctrico es prácticamente tan ruidoso como su homólogo de combustión interna, en la mayoría de los casos. Esto se debe a que el ruido de la fricción aerodinámica y la rodadura de los neumáticos se incrementa con la velocidad, y a partir de unos 100 km/h los rozamientos suelen eclipsar al motor. Donde se nota una gran diferencia es circulando a baja velocidad, callejeando, estacionando, etc. Es en estas situaciones, en ciudad, donde un VE resulta extremadamente silencioso. ¿Ventaja o inconveniente?

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Las estadísticas son claras, hay más riesgo de atropello si los coches son eléctricos que si son convencionales. Los peatones no hemos tenido ocasión de acostumbrarnos a esta amenaza silenciosa, capaz de atropellarnos al mínimo despiste. Para colectivos minoritarios como el de los invidentes, este inconveniente se acentúa, ya que han desarrollado su habilidad para caminar por la ciudad en base al ruido de los vehículos, pudiendo determinar su posición, trayectoria y velocidad en función del mismo.

Legisladores estadounidenses y también europeos han propuesto normativas que obligarán a los fabricantes de vehículos eléctricos a que incorporen sistemas de aviso acústico. Lo que aún no está definido ni estandarizado es cómo será el ruido artificial del VE, pero algunos estudios concluyen que lo ideal sería emular el ruido del motor tradicional. Esqueumorfismo, lo llaman, cuando lo nuevo se parece a lo viejo.

¿Quién no ha estado cerca de ser atropellado por una bicicleta, o un tranvía? En la mayoría de los casos, somos los peatones quienes nos cruzamos en su camino y rara vez se ha culpado al carácter sigiloso de estos vehículos.

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Los peatones nos creemos que no formamos parte del tráfico, a menudo aislándonos de nuestro deber de prestar atención a lo que nos rodea. En un entorno hostil como es la jungla urbana, nos hemos acostumbrado a que las fieras nos intimiden con sus rugidos.

Además, el ruido del transporte en los núcleos urbanos es un foco de contaminación acústica que a medio y largo plazo afecta a la salud de las personas, tanto física como mental. El ruido de los coches, motos, camiones y autobuses merma gradualmente nuestro oído, y lo que es quizá peor, contribuye a elevar nuestro nivel de estrés. En la ciudad, el murmullo constante de cientos de motores es una desagradable banda sonora.

Esqueumorfismo no, yo lo llamo miedo al cambio, cuando emular el pasado es retroceder en bienestar.

Fuente: Elconfidencial.com/

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